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domingo, 7 de junio de 2015

MARCOS 14, 22 PARTIR PAN Y BEBER VINO

MARCOS 14, 22  - 26: Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomen; esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos —les dijo—. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.


Hoy no podría empezar sino lanzando un grito fuerte, victorioso: FORÇA BARÇA!!! Una gran alegría, una gran victoria, algo que va muy ligado al deporte y a un país, Catalunya, aunque también a muchos lugares con muchas banderas y muchas lenguas. Es el triunfo de los pequeñines, de los preciosistas, de los del toque, de los soñadores y de la fantasía… El año pasado, por no currar no nos llevamos nada, y este año, porque se ha trabajado, nos lo llevamos todo. Y aunque podríamos no habernos llevado nada, me quedo con el compromiso y las ganas de trabajar y sufrir de este equipo, de Luís Enrique y Unzue y del cuerpo técnico que lo acompaña. FELICIDADES, FORÇA, ENDAVANT!!!


Por otro lado, el evangelio de hoy nos sitúa entre los límites del seder pascual judío y la nueva representación de los signos en la cena de Cristo y los suyos. Signos de los que participamos todos, y todos los días. Quizás la forma más habitual sea en una misa, en un culto, en una celebración, en una unción… pero existen formas más cotidianas en las que estos mismos signos se hacen presentes con la misma fuerza: cuando compartimos una vida, porque si el pan fuera cuando conversamos, cuando nos ayudamos, cuando nos consolamos, cuando comemos…, el vino vendría a ser una sonrisa, un beso, un abrazo…

Claro, hay una forma que es la sacramental, y seguro que quizás a más de uno le venga la tentación de tirarme una piedra, como diciéndome: eh! Por ahí no. Pero cuerpo y sangre no sólo toman forma cuando pan y vino se bendicen por un sacerdote, sino que compartimos a Cristo cada vez que hacemos lo que nos dijo: amarnos los unos a los otros. Jesús nos dejó una pauta como memorial, para recordar la importancia de sentarse en la mesa para darnos de comer y beber lo más íntimo de nosotros, pero también nos dejó algo más importante cuando aún esta celebración no se haría si no hubiera amor. Como una alianza indisolubre.

La bendición nos llega de un modo eclesial, pero en verdad cuando Jesús bendijo primero de todo es Hijo. Y si Cristo abre el camino de la filiación como hermano mayor, también deja a los hijos en el Hijo una forma de bendición, no por palabras, sino de corazón. He visto bendiciones bajo el signo del abrazo fuerte y como no dejando ir de un padre que logra reencontrar a un hijo, o bajo el signo del llanto de una madre que sólo puede esperar que los suyos vuelvan en sí; lo he visto en un hospital mientras entre abrazos se espera que alguien despierte, o se celebra que uno nuevo ha llegado; lo veo entre amigos, entre hermanos y hermanas, entre abuelos y nietos… puro memorial.


Traspasen lo eclesial, aunque no lo eviten (porque así está instituido) y sean consciente que si bendicen en la iglesia cuánto más no en la vida. Cada día se parte y se bebe, hay pan y hay vino, o sigan las migajas o el olor del vino.

sábado, 6 de junio de 2015

MARCOS 12, 41 LA VIUDA POBRE

MARCOS  12, 41 – 44: Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás. Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento.»



Nuestro calendario civil y nuestro calendario religioso deberían tener marcado con permanente un día dedicado a todos los hombres y mujeres cuya vida es como la ofrenda de esta viuda pobre. No sé qué se requiere para beatificar a alguien, pero me parece más que justo comenzar a santificar a tantos ejemplos de vidas que, entre los millones y millones de personas que vivimos en la Tierra, hacen de su ofrenda anónima un derroche de generosidad. Hay que ser muy de Cristo para trabajar en la sombra, para no buscar que te vean y para ofrecer todo el sustento.

Si muchas veces hemos hablado de tantos y tantos voluntarios que ofrecen su tiempo, su dinero, su disponibilidad… hoy traspasamos esta barrera, porque hoy toca hablar de quienes lo dan todo. Claro, nunca se puede desmerecer a nadie porque ayude menos y jamás se debe elogiar a otro porque ayude más. Sólo que este pasaje del evangelio de hoy nos conduce al territorio de quienes ofrecen y donan incluso lo que tienen para mantenerse. No quiere decir que se queden sin nada, sino que lo comparten, y compartir hasta lo más íntimo que tienes es lo que te convierte en una viuda pobre. Compartir y amar están tan estrechamente unidos, que la ofrenda de la viuda es como la regla de oro, y el gran tesoro como el amor al prójimo. Por tanto, vemos un paralelismo entre este pasaje y la vocación cristiana en el amor.

El pasaje en sí, invita a posicionarnos en el fondo del escenario de la vida, como en un segundo plano, como siendo servidores. Es la gran razón del poderío de Cristo, que siendo Dios se hizo siervo y el legado que nos ha dejado, que sirviendo se llega a Dios. Este pasaje, por tanto, es como una hoja de ruta, un camino. No es un orden moral, sino que es una modus vivendi. Más allá de compartir, es darlo todo, es hacer que los demás participen de mi vida porque esta vida es para los demás. Nosotros que somos una Europa de clara educación religiosa y cristiana (ya sea católica, protestante u ortodoxa) ¿en qué momento dejamos de enseñar a ser viudas pobres? Cuándo, viendo la necesidad, empezamos a amarnos más a nosotros mismos? Cuándo caímos en el individualismo? El egoísmo?...

Cuando se invierte el orden natural del sentido de la existencia, que es compartir, que es amar, que es ofrecerse, que es donarse, que es atenderse, que es protegerse, que es … tantas cosas, ocurre que delante de nosotros hay un espejo, y nos miramos, y nos gustamos, y nos ponemos guapos (o guapas), y ese espejo que nos refleja nos termina por hacernos a cada uno separado del otro, porque el espejo sólo es capaz de reflejar una imagen, un atisbo de realidad, un reflejo. Para consolarnos, para entendernos, para acercarnos, para tocarnos… necesariamente hay que traspasar el espejo.


La vida va, también, de traspasos. Hay que traspasar la imagen de la realidad para llegar a la esencia, a la verdad, al corazón… hay que ser, aunque sea un poco, como esta viuda pobre.