Translate

sábado, 26 de mayo de 2018

MATEO 28, 16. DE VUELTA A GALILEA

 MATEO 28, 16 – 20Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado. Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban. Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.



Algunos preguntarán: ¿La gran comisión es para todos los cristianos? Bien, ciertamente sí, porque de un modo u otro todos los cristianos hemos sido regenerados en el hombre nuevo, que renace con Cristo. Pero también es cierto que a partir de la Edad Media la participación de los cristianos se ha ido perdiendo a causa de la progresiva clericalización. Visto está que las situaciones vitales han variado mucho desde esta época en la que hubo mucha presencia de la Iglesia en cualquier ámbito de la vida, a la nuestra con el declive de las vocaciones y la secularización de la sociedad. Por ello, cuando leo pasajes en los que se comisiona al cristiano, o al creyente no puedo dejar de pensar que en algo nos hemos equivocado separando tanto la realidad de Cristo.

Se ha escuchado al papa Francisco hablar como queriendo conciliar la opción religiosa con el resto de creyentes, pero este acercamiento que se promueve desde  el Vaticano no será nunca efectivo mientras todavía exista un abismo entre la realidad social y el punto de vista del clero. Claro que hay personas que se identifican plenamente con las decisiones, los comentarios, las declaraciones y las opciones más ultraconservadoras, pero están muy lejos de lo que es la realidad de muchos colectivos y realidades que también son pueblo de Dios. La gran comisión que debe venir en nuestros días pasa por hablar de los preservativos, de los abortos, de la homosexualidad en el ámbito social más urgente, y de la gestión del patrimonio, celebraciones y participación de los creyentes dentro de de un ámbito más de actuación.

Está muy bien leer e imaginarse que participamos de la vida del Reino, pero estaría mejor que en lugar de Sínodos hubiera proximidad, y en lugar de audiencias, se dejara de señalar a los separados y divorciados a quienes les cuesta comulgar. Miren, está muy bien hablar las cosas, pero parece que ya hemos hablado demasiado, no? Llevamos siglos y siglos tratando de adecuar y actualizar a la institución y al pueblo. Quieren decir que es tan complicado? Obviamente no, pero esté quien esté en lo más alto, se nos vende el querer acercarse, el arreglar las cosas, el pedir perdón y el buscar culpables, pero tras toda esta cortina de humo finalmente sigue costando, y mucho, ajustarse a la realidad.

No quiero con esto criticar el trabajo de nadie, y me gusta esta tendencia actual de Francisco. Quizás sea un inicio, un testigo, un primer estadio… Puede ser una prolongación en la vida de esta gran comisión de Jesucristo, y que ahora nos corresponde coger a nosotros. Como en una carrera de relevos que durante mucho tiempo no se pudo celebrar, parece que hoy podemos llegar al estadio para participar.

Que nazca nuestra inquietud de colaborar en las cosas, de proseguir en carrera, de facilitar el relevo y de seguir corriendo para asistir a nuestros hermanos y hermanas. Ahora que hace calor, si sienten alguna brisa… corran, quizás sea el Espíritu.

jueves, 24 de mayo de 2018

MARCOS 10, 13. ENFADADOS

 Marcos 10, 13 - 16: En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.


Cuántas veces ocurre, y ocurrirá, que cuando se acerca la gente a las iglesias, a los sacerdotes, a los pastores… sigue para que se les recrimine, o se les regañe. Si bien es cierto que hay una gran mitad de personas consagradas que hacen de la acogida una bandera visible del testimonio de su vida, hay otra segunda mitad de ministros que siguen creyendo que su vocación, que su “poder” los sitúa en un renglón superior al del resto de creyentes. Claro, a pesar de que el Vaticano II nos hable de condiciones de igualdad, sabemos que hay un gran abismo, a veces, entre lo que se predica y lo que ocurre. Y mientras esto siga siendo así, veo difícil que la situación generalizada de separación entre Iglesia y humanidad pueda cambiar a mejor.

No obstante, espero y ansío el ser espectador de una humanidad que abrace, que desee bendecir a los demás y que imponga las manos en la realidad, como signo de caridad, de ágape. Todavía espero llegar a tiempo de maravillarme de un cambio de curso en el que se imponga el sentido evangélico del Reino en nuestra sociedad, viendo cómo cada vez más existe una sensibilidad hacia los desfavorecidos, los pobres, los enfermos… Deseo con fervor no acabar mis días de peregrinaje en esta Tierra sin esperanza, sin calor, sin amor.

Entonces, propongo que seamos nosotros mismo, Pueblo de Dios, los que reprendamos a todos aquellos (aquellas) que puedan impedir a un ser humano su llegada al abrazo con Dios, con Cristo. Propongo establecer barricadas, grupos de base, avanzadillas… cualquier tipo de acción para la promoción del acercamiento, para la consecución del abrazo, para la definición del encuentro. Propongo comenzar un tejido desde los puntos cardinales para encontrarnos, todos, en el Cristo-Centro. Propongo abandonar los resquicios de poder y acercar el don, desbancar la política deshumanizadora y conseguir la solidaria, dejar a un lado nuestras confesiones y hablar a una misma voz.

Que se acerquen, que vengan, que tengan la seguridad que se les dejará pasar.